“ - Está con vos.-
- Ahh, bueno.-
Agarré su mano y seguí la lógica aún en el caos de un jueves en la madrugada. Era casi teatral la puesta del sol y obvias las botellas tiradas aleatoriamente en el patio . Un minuto de lucidez me permitió desprenderme de la manera más sobria posible, todavía vulgar. Caminé con la ilusión de que estaría afuera esperándome para hablar y que esta vez podría mirarme fijamente, como dándome permiso para que la vuelva a lastimar su fragilidad. Ya me estaba acercando y la visión me presentaba cosas con el orden propio de un huracán. “