La prisa y humedad de Buenos Aires quedaban una hora y media atrás. El sol nos habia dejado aun antes y La Plata parecía despertarse de una siesta de malas ganas. Caminé hasta 48 y 7 para luego caminar reactivamente por el centro capturando algunas miradas y desechándolas consecuentemente. Un antojo camusiano me invadió y por poco ingreso a ver una película al azar, pero no tenía sentido, no hacía ninguna diferencia. Chicas y mujeres de piernas largas desfilaban en los alrededores de Frawen´s. De regreso pensé en tomar un martini seco, habia olvidado su cuerpo, su gusto. Miré el celular y recién marcaba las 21:10.